Mis expectativas con una nueva película de Edgar Wright (Baby Driver) nunca pueden ser mayores. El británico ha sido mi director preferido desde que, hace ya tantos años que ni me acuerdo, vi la maravillosamente poco convencional Scott Pilgrim contra el mundo, una de mis películas favoritas. Y es que podría decir que Wright nos tiene muy mal acostumbrados, con una buena película tras otra y todas con un chute de personalidad que pocos directores saben inyectar a sus cintas de esta forma.
La historia se repite en Última noche en el Soho, y no porque sea más de lo mismo. Wright imprime su estilo visual, pero también sonoro, con sus ya más que reconocibles transiciones y una banda sonora que termina de aderezar la experiencia de transportarnos junto a nuestra protagonista a la década de los 60s. Precisamente esto último es uno de los méritos que más le reconozco a la cinta: consigue que nosotros, como espectadores, nos sentemos en la butaca del cine y sintamos que estamos acompañando a una muy buena Thomasin McKenzie (Jojo Rabbit) en su travesía por el peligroso Londres de finales de los años 60 junto a la siempre maravillosa Anya Taylor-Joy (Gambito de dama, Los nuevos mutantes, Múltiple).

Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy encabezan el reparto
Como decía, que la historia se repita con Última noche en el Soho no significa que sea otra más dentro de la tan rica filmografía del director británico. Me parece digno de aplaudir el cómo, poco a poco, Wright se ha ido alejando de su zona de confort, en la que reinaban comedias con pinceladas de cultura popular como fue la trilogía del Cornetto (Zombies Party, Arma Fatal, Bienvenidos al fin del mundo). Ya pudimos en Baby Driver cómo trataba de dejar esto atrás con intenciones de hacer algo distinto, cosa que le salió de maravilla, pero que lo lleva al máximo exponente con este último trabajo. Aquí deja atrás su devoción por la comedia (y no porque no haya toques de humor muy suyos) para transitar a una historia dramática, metida de lleno en el suspense, y que es lo suficientemente valiente para romper con lo esperado en el tercer acto. No se queda en lo esperable, tiene el valor suficiente para abrazar tantos géneros sean necesarios con tal de nutrir la narración, incluso adentrándose por momentos en el terror psicológico con tal de no conformarse con mandar tan solo un mensaje y ya.

La película se atreve con pinceladas de varios géneros como el terror psicológico
Claro está, la cinta no es perfecta. Tiene algunos detalles en el guion (de historia y diálogos para ser más concretos) que podrían haberse pulido más, pero en los que no entraré demasiado para no destripar elementos clave de la trama. Eso sí, estas cosas se te olvidan por la tan lograda ambientación, gracias a su diseño de producción, vestuario... y, sobre todo, por una fotografía muy mimada en la que resaltan las luces neón y planos que sigo sin saber cómo los habrán podido rodar.
Finalmente, y por mucho que pueda comentar del filme, para mí lo más importante es lo inmerso que me tuvo, mirando la pantalla del cine totalmente embelesado durante casi dos horas, sin querer apartar la mirada ni parpadear un solo segundo... El tenerme tan dentro de su experiencia cinematográfica es algo que ninguna otra cinta había logrado a este nivel en todo el año, por lo que me atrevo a decir que Edgar Wright ha hecho de su Última noche en el Soho mi película favorita de todo 2021, aunque no sea necesariamente la mejor.

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