Historia de una obsesión | Crítica de 'Hamilton' (2020)

Alexander Hamilton (Lin-Manuel Miranda) durante el número inicial.

¿Cómo un musical de Broadway consigue contar la historia del primer secretario del tesoro de Estados Unidos (incluso con canciones que van de qué hacer con la deuda pública y dónde poner el banco central) y, sin embargo, llegar al puesto número 1 en ventas de álbumes de rap nada más salir, ganando en el proceso el Grammy al mejor álbum, el Pulitzer al mejor drama y el Tony al mejor musical?

Pasados 5 años de su debut teatral, el estallido de la pandemia forzó adelantar el estreno de la adaptación cinematográfica de Hamilton (filmada sobre el escenario) para lanzarlo directamente en Disney+. Aun deseando con todas mis ganas poder disfrutar algún día de esta obra maestra en salas, debo reconocer que la jugada no les salió mal, habiendo recibido nominaciones en los pasados Globos de Oro a mejor película y mejor actor, además de llevarse a casa el Emmy al mejor telefilm.

No es de extrañar el fenómeno que esta obra ha supuesto desde su llegada a Broadway allá por el 2015. De principio a fin, cuenta con una puesta en escena sensacional, un excelente elenco repleto actuaciones realmente poderosas y una música extraordinaria, por mencionar algunas de sus virtudes. Todo esto logra trasladarse a nuestras pantallas de forma sobresaliente, inmergiéndonos de lleno en esta experiencia, prácticamente como si nos encontrásemos en el teatro, con la diferencia de que ahora nos encontramos en la mejor de las butacas: la de nuestro salón.

Y es que no podremos ver esta obra desde un punto de vista tan único como el que nos ofrece esta adaptación. Es teatro, sí, pero juega con el lenguaje cinematográfico a las mil maravillas. Sin ir más lejos, planos cenitales imposibles de apreciar desde el propio teatro o primeros planos que nos aproximan a las increíbles actuaciones que nos brinda este elenco, como lo demencialmente detallada que es la actuación de Jonathan Groff como el Rey Jorge III.

El trabajo de Lin-Manuel Miranda es digno de aplaudir. No solo brilla en su rol protagónico como Alexander Hamilton, sino que firma una composición y un guion magníficos. Durante todo el musical, crea en las letras de sus canciones muchos leitmotivs con los que identifica a sus personajes y su forma de pensar. De este modo, durante el transcurso de la historia, podemos ver cómo estos van cambiando de un personaje a otro, cómo la musicalidad de cada personaje se altera o se intercambia al mismo tiempo que sus arcos evolucionan. Contamos con un guion o, en este caso, unas letras escritas de una forma muy inteligente donde nada se deja al azar. Cada elemento del guion, desde los diálogos a la musicalidad con la que repiten ciertas frases en distintos momentos, tiene su intención. Además, me parece algo para destacar el hecho de que nos encontremos con todas estas estructuras cuando casi todo el musical es rap, cosa que normalmente no escuchamos en este género. De hecho, tampoco es habitual la decisión de elegir el rap para contar una historia "política", pero no deja de ser original ver cómo se representa (por poner un ejemplo) un pleno del Senado con una batalla de gallos.

Definitivamente, soy uno de tantos que ha caído rendido ante Hamilton de forma obsesiva, desde su historia, sus actuaciones o su música, la cual tengo en bucle desde que vi la obra hace ya más de un año. Habré visto este musical en Disney+ incontables veces desde su estreno en verano de 2020 y tengo prácticamente todas las letras memorizadas. Esto no lo consiguen todas las películas, pero es que Hamilton es única.
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